Cada vez que el fuego y el humo asoman por el bosque en El Hoyo, la pequeña localidad en el noroeste de Chubut, Matías Vergé mira al horizonte y hace cálculos: piensa por dónde pueden bajar las llamas, cuánto tiempo podría tardar en llegar en función del clima, estima cómo evolucionará el viento, prepara las mangueras y la motobomba y habla con vecinos y brigadistas para salir a combatir los focos. “Te ponés frío, pero es una tristeza ver el bosque así”, describe, mientras a sus espaldas la montaña asoma como una brasa gigantesca, imparable.
Vergé llegó a la Comarca Andina hace más de veinte años y este es el quinto o sexto incendio importante que enfrenta. El primero fue en 2012: entonces aprendió a utilizar elementos para apagar las llamas, a trabajar junto con brigadistas y a elaborar medidas de prevención. “Ya estamos preparados mentalmente, pero no soy el mismo que hace diez años, es muy angustiante”, explica.

Como otros veranos durante la última década, varias provincias del sur argentino están bajo fuego: Chubut y Río Negro se han llevado la peor parte, con focos activos en Puerto Patriada, Epuyén, El Hoyo, El Bolsón y el Parque Nacional Los Alerces, entre otras localidades, donde se estima que las llamas ya consumieron más de 10 mil mil hectáreas de bosques y viviendas.
Mientras el fuego baja desde la montaña y amenaza con consumir bosques nativos de una región paradisíaca y reducir a cenizas las viviendas de los pobladores, una pregunta asoma en el horizonte: ¿por qué todos los años se repiten los incendios devastadores?Incendios en la Patagonia: crisis climática, sequía e imprudencia.
En el caso de los focos reportados en Puerto Patriada y El Hoyo, se trata de focos intencionales, según reveló la semana pasada el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, quien afirmó además que los responsables serán identificados y “van a terminar presos”.
De acuerdo con datos oficiales, el 95 por ciento de los incendios forestales que se producen en Argentina están asociados a factores humanos: pueden ser impericias, como un fogón realizado en una zona de alto riesgo o un cigarrillo mal apagado; o iniciados de forma intencional, ya sea por pirómanos o para expandir la frontera agropecuaria o como parte del lobby inmobiliario, como ocurrió en decenas de ocasiones en el Delta del Paraná.
Además, están los incendios vinculados a fenómenos naturales. La mayoría se originan tras la caída de rayos, como ocurrió en 2025 con el que arrasó con parte del Parque Nacional Nahuel Huapi.
Sin embargo, en todos los casos la crisis climática es un factor central que ayuda a avivar las llamas: la sequía extrema, las altas temperaturas, una menor caída de nevadas en invierno y la invasión de plantaciones exóticas —especialmente pinos, que se prenden fuego y se propagan más rápido— agudizan el problema.
Además, la falta de políticas de prevención a largo plazo, el recorte presupuestario que han sufrido las áreas de ambiente bajo el Gobierno de Javier Milei y la ausencia de recursos de los brigadistas agravan la situación.
“Argentina está en crisis en relación a los incendios”, afirmó a Ana Di Pangracio, directora ejecutiva adjunta de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), quien considera fundamental desarrollar políticas de prevención que mitiguen los riesgos, en lugar de reducir la participación de los gobiernos al combate de las llamas una vez iniciados los focos.
En los últimos años, la superficie de bosques afectados por incendios forestales en la Patagonia se cuadruplicó, de acuerdo con un relevamiento realizado por un grupo de 20 organizaciones ambientales, al que accedió este diario. Así, pasó de 7.747 hectáreas entre octubre de 2023 y marzo de 2024, a 31.722 entre octubre de 2024 y marzo de 2025. Además, la tendencia va en aumento y podría multiplicarse por seis hacia fines del Siglo XXI.
Fuente: Pagina|12